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viernes, 18 de mayo de 2007

"La Donna É Mobile" de Rigoletto: De la censura al éxito.

Cuando se pierde el sentido de la realidad y la obnubilación se convierte en nuestro estado dominante, indudablemente habremos caído en una espiral descendente que ni siquiera aquel vago deseo de triunfo, arrumbado en el archivo de nuestras memorias podría rescatarnos. Rigoletto -el payaso- conocido por su aparente simpatía y agraciado aspecto, es ejemplo claro de esto, y en realidad se sabe poco de él, de su historia. Aunque lo que si es seguro es que detrás de una faceta que pretende causar bufanada, no existe otra cosa que no sea un pasado que por toda su vida lo condenaría. Tal vés lo que siempre pretendio era esconderse de todo y así protegerse de su verdadera fuente de dolor, con el claro objetivo de que aquello a lo que amaba se mantuviera seguro y distante de lo que el consideraba un franco peligro. Dirían, cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia, pero lo cierto es que muchas veces preferimos dejar para después, ó para nunca, aquello que nos turba, aquello que nos molesta. Pero dejando atrás la reflexión, adentremonos en un poco de historia y descubramos los origenes de este, el sensacional, "Rigoletto" de Verdi.

Italia, 1848. Situémonos nuevamente en la problemática por la que atravesaba Europa tras diversos levantamientos en oposición a gobiernos totalitarios. En Francia, donde se había proclamado la república tras haber derrocado al gobierno de Luis Felipe y en Italia donde el grito revolucionario había tomado cabida para que la sociedad se levantara en contra de la larga posesión de la monarquía austriaca, dándose con ello los históricos “Cinco días de Milán” donde los italianos lucharon hasta que las tropas austriacas fueran obligadas a retirarse de la ciudad, y aunque más tarde los austriacos restauraron a sus soberanos en sus tronos, los italianos mantuvieron su rebelión.
Cada quien se revelaba a su manera y a este punto debo decir que Verdi no fue la excepción, a pesar de que existe aún gran incertidumbre sobre los motivos que lo llevaron a la producción de su material, si fue por una parte un desahogo personal o si fue sumado con afán de representar la problemática política ideológica de su tiempo. En 1849, se estrena “La Batagglia di Legnano”, lo que convierte a Verdi en una tremenda figura de lucha. Tras este revuelco, viene un periodo de calma, el cual aunque no duraría mucho tiempo, da a Verdi un respiro, lo que se refleja en su música la cual se vuelve más tranquila y refinada. Es tiempo de gran impulso creador que fructifica en la llamada “Trilogía Popular”: Rigoletto, Il Trovatore y La Traviata, las tres inspiradas en obras decididamente románticas, aunque anteriormente ya había cosechado algunos logros anteriores, como Nabucco, Hernani ó Macbeth, de las cuales se pudieron extraer algunos coros que serían también representativos de los sueños de libertad, como el "Va, pensiero!" (Nabucco), "Patria oppressa"(Macbeth) o "Un patto,un giuramento".

En la obra de “Rigoletto”, de la cual nos ocuparemos ahora, Verdi pone música a un libreto de Piave, y basado en el libro de “Le Roi s’amuse” (1832) de Víctor Hugo. Sin embargo a pesar de que parecía Europa atravesar por una etapa más tranquila, el texto del cual querían basar la producción tuvo que pasar por innumerables problemas con la censura austriaca antes del estreno. A comienzos de 1851, Verdi comunico a La Fenice que la nueva ópera “La Maledizione” (título original de verdi para Rigoletto) estaba preparada. Pero antes del estreno surgieron graves discrepancias por lo de la censura, que no podía tolerar que se mostrara en escena el intento de asesinato de un rey. Esto obligo a Piave a cambiar los pasajes más polémicos de la obra, trasladando la acción de Francia a Italia y haciendo de Francisco I de Francia un libertino duque de Mantua, sin trascendencia política.
El título se cambio y la obra fue estrenada con gran éxito en La Fenice el 11 de marzo de 1851.

Sin duda esta obra es una de las más impresionantes de Verdi, pero además de su gran calidad, fue pieza clave en la historia del teatro musical italiano, ya que representa la evolución natural del Belcantismo y un nuevo concepto de ópera que profundiza en temas dramáticos, lo que marcarían el devenir de la lírica posterior.

A continuación les presento una de las arias más populares. Comenzando con la primera de ellas "La donna É Mobile" (La mujer es voluble), interpretada por los tres tenores, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti en el majestuoso concierto que realizaron en Paris en el año de 1994.



-LA DONNA É MOBILE-
“La mujer es voluble”

La donna è mobile, qual piuma al vento, (La mujer es voluble, como una pluma al viento)
muta d'accento, e di pensiero. (Cambia de palabra y de pensamiento)
Sempre un amabile, leggiadro viso, (Siempre un rostro amigable y hermoso)
in pianto o in riso, è menzognero. (Entre risas o lágrimas, mentiroso)
La donna è mobile, qual piùma al vento, (La mujer es voluble, como una pluma al viento)
muta d'accento, e di pensier (Cambia de palabra y de pensamiento)
e di pensier, e di pensier (Y de pensamiento, y de pensamiento)
È sempre misero, chi a lei s'affida, (¡Siempre es miserable quien en ella confía)
chi le confida, mal cauto il core! (Y le entrega incauto el corazón!)
Pur mai non sentesi felice appieno (Pero nadie se siente del todo feliz)
chi su quel seno non liba amore! (Si de su pecho no bebe el amor)
La donna è mobile, qual piùma al vento, (La mujer es voluble, como una pluma al viento)
muta d'accento e di pensier, (Cambia de palabra y de pensamiento)
e di pensier, e di pensier! (Y de pensamiento, y de pensamiento)


-RIGOLETTO-

Historia
Una breve obertura abre esta ópera, exponiendo el tema de la maldición que se escuchará de forma recurrente a lo largo de la obra.



Acto I


Tras un preludio de gran intensidad dramática se alza el telón con la vista puesta en una fiesta que realiza el duque de Mantua en el que se encuentra toda la gente noble de la zona. Por una de las puertas se observa la llegada del duque y Borsa que conversan amigablemente. En este punto surge una de las melodías más brillantes de la ópera que es entonada por el duque: la balada "Questa o quella", un canto al amor libertino que firmaría hasta el mismísimo Don Giovanni de Tirso. Tras un breve cortejo del duque a la condesa de Ceprano hace aparición el protagonista, Rigoletto, el bufón jorobado de la corte, todo ello dentro de un ambiente festivo. Como era de esperar, el bufón también es objeto de las burlas de algunos de los cortesanos como, que se reían de que Rigoletto pueda tener una amante ("gran nuova, gran nuova"). Tras el cortejo frustrado, aparece el duque de Mantua molesto con el propio conde de Ceprano, al que Rigoletto trata de ridiculizar, tratando de enumerar los posibles castigos que le podría hacer. Esta actitud del bufón provoca que los cortesanos se unan contra él, mientras que el duque le advierte del peligro que puede sufrir de persistir en esa actitud. Llega Monterone con el objetivo de alterar los ánimos, Rigoletto trata de ridiculizarlo pero lo que consigue a cambio es una maldición para él y para el duque. Mientras que el bufón se siente maldecido ("che sento!, Horrore!") los guardias del duque arrestan a Monterone.

Con el recuerdo de esa maldición, marcha el bufón de vuelta a su casa cuando se encuentra con un sicario llamado Sparafucile. Este dúo, que será el primero de los tres consecutivos, tiene la relevancia de que tendrá significado especial en el tercer acto. Cuando se despiden, se queda Rigoletto pensando en su parecido con el sicario ("Pari siamo!, Io, la ligua egli ha el pugnale!.", ¡Iguales somos!, Yo tengo la lengua y él, el puñal). Es un fragmento de gran valía puesto que vemos, por primera vez, al Rigoletto como ser humano que sufre y la demostración es como le sigue mortificando el tema de la maldición.
Una vez llegado a casa le recibe su hija Gilda con lo que podemos disfrutar de uno de los mejores dúos. Con una primera parte de gran vivacidad, una segunda más sentimental donde el bufón explica quién es la madre de ella, una pobre mujer que murió y que alcanza unos momentos de emotividad difíciles de no ser sentidos por el oyente ("Deh, non parlarte al misero del suo perduto bene", Ah, no habléis al infeliz de su perdido bien), y una última parte donde también interviene Giovanna, una ama de llaves. Con la mente aún puesta en la maldición, el bufón, pide al ama que trate de velar a su hija para que nadie, ni nada pueda dañarla. Tras la despedida, ambas mujeres se quedan hablando y Gilda le comenta sobre cierto joven que le siguió a la iglesia. Cuando comenta que le daría igual que fuese pobre o rico, surge el duque que ha oído la conversación e inician el último dúo lleno de romanticismo cuya cumbre es, sin duda, el fragmento "È il sol dell'anima, la vita è amore" (El amor es la vida y luz del alma). Se da a conocer como Gualtier Maldé ya que ella desconoce como se llama; en ese momento aparece Giovanna advirtiendo de unos rumores de pasos, antes de partir se despiden ("Addio,speranza ed anima sol tu sarai per me", Adiós, adiós, tu sólo serás mi esperanza y mi vida).
Ella se queda sola recordando el nombre de su amado en una aria, que no dejará impasible al oyente por su belleza y sentimiento ("Caro nome che il mio cor", Querido nombre que mi corazón"), mientras se oye la presencia de Ceprano, Marullo, Borsa y demás cortesanos que van a raptarla ya que es la amante de Rigoletto (Marullo y compañía aún creen que es la amante de Rigoletto, error que se mantienen hasta casi el final del segundo acto). Sin embargo, se quedan de piedra cuando llega Rigoletto. Para evitar que sospeche, le comentan que van a secuestrar a la condesa de Ceprano y se une a ellos aunque ellos le imponen que debe enmascararse a lo que acepta gustoso. Una vez con la máscara y una venda puesta, lo llevan hasta su propia casa y secuestran a su hija mientras que él sostiene la escalera. Sólo al final se da cuenta de que ha sido objeto de burla, escuchando a lo lejos un grito de socorro. Con el recuerdo puesto en la maldición no puede más que exclamar un angustioso "Ah, la maledizione!"

Acto II


Tras haber vuelto para ver a Gilda y encontrarse la puerta abierta y la casa vacía, llega el Duque a su palacio lleno de ira hacia los raptores, y de sentir hacia la adorada, ya que él la imaginaba con lágrimas ("Ella mi fu rapita, Parmi veder le lagrime", Me la han raptado, me pareció ver brotar las lágrimas). En este momento llegan los cortesanos comentando que habían raptado a la amante de Rigoletto y, mientras escuchaba la narración del rapto, va confirmándose en su corazón que a la que habían raptado era a Gilda y siente una enorme alegría en su interior ("Possente amor mi chiama", Un poderoso amor me llama, una bonita cabaletta que le gustará nada más escucharla).
Llega Rigoletto apesadumbrado por el rapto y tratando de buscar cualquier objeto, cualquier cosa que le revele que Gilda está allí. Un paje buscando al duque y las respuestas de los cortesanos se lo confirman. Los cortesanos le sugieren que busque a otra amante, hasta que Rigoletto estalla ("io vo mia figlia!, Yo quiero a mi hija) y alza gritos amenazantes ("Cortigiani,vil razza dannata!”, Cortesanos, vil raza maldita). Esta aria es uno de los principales momentos, quizás el más impactante, del personaje de Rigoletto; tiene dos partes una primera más enrabietada ante los cortesanos mientras que la segunda es más de compasión hacia un padre que sólo tiene a su hija.
El reencuentro entre Gilda y Rigoletto es más amargo que en el primer acto ya que ella ya ha descubierto cuál es la verdadera cara del duque y él se siente molesto ante su protector y empieza a albergar ciertas ideas. La irrupción de Monterone, que va a la prisión lamentando que la maldición que le soltó al duque haya caído en saco roto, le hace que se confirme en cumplir la venganza contra su protector, contra aquél que deshonró a su hija. Un deseo de venganza que se manifiesta a través de un pequeño dueto con Gilda ("Sì, vendetta, tremenda vendetta", Si venganza, tremenda venganza).

Acto III


Llegan tanto Gilda como Rigoletto a una casa a las afueras de la ciudad, ya que en ésta se encuentra hospedado el duque gracias a sus anfitriones Sparafucile y Maddalena. Mientras que bebe vino vuelve a tratar el tema de las mujeres como ya lo hizo en el primer acto, con la balada, pero de forma más popular con el celebérrimo "La donna è mobile" (La mujer es voluble). Por atrás, Rigoletto empieza a reunirse con el sicario para acordar la muerte del duque. En la sala principal, mientras tanto, el duque empieza a cortejar a Maddalena ante la mirada atónita de Gilda que observa, dándose un maravilloso cuarteto "Un dí ,se ben rammentomi", que mejor dicho empieza como dúo que se convierte en cuarteto cuando Gilda y Rigoletto comentan lo sucedido dentro. Rigoletto le pide a Gilda que abandone el lugar y se dirija a Verona. Una vez que se ha marchado su hija, se encuentra con Sparafucile para arreglar el crimen mientras que, en el interior, sigue el intento de seducción del duque a Maddalena. Cuando se retira a descansar el duque, se quedan Maddalena y Sparafucile preparando el puñal y el saco para meter el cuerpo del duque después de matarle. Durante la conversación Maddalena le pide que mate al bufón y no al duque a lo que se niega Sparafucile, porque Rigoletto es el que el paga y le será fiel ("mi paga quest'uomo,fedele m'avrà", Me paga este hombre, le seré fiel). Sparafucile le dice que si alguien llega en la media hora que queda antes de la medianoche, ocupará el lugar del duque, mientras que Maddalena se molesta porque no es posible la llegada de alguien con ese tiempo tan corto. Gilda, que escucha la conversación de los dos hermanos, decide suicidarse por la vida de aquel que la traicionó y por la pena de la otra mujer que llora con lo que se hace pasar por un mendigo. Al entrar en la casa es asesinada por el sicario mientras que Maddalena la mete en el saco a la espera de que llegue Rigoletto. Los dos tríos, que se desarrollan de forma paralela. Rigoletto llega a medianoche, se encuentra con el sicario y le paga la otra mitad pactada recibiendo el saco con el cuerpo inerte. Cuando se queda sólo con el cuerpo se dirige al río mientras que disfruta del gran momento ya que tiene delante el cuerpo del duque, hasta que escucha la voz del duque no muy lejos de allí y se empieza a preguntar quién está dentro del saco hasta que un rayo le revela la terrible verdad, la cara de su hija Gilda. Ella sigue viva aunque próxima a morir lo que va a dar lugar al tercer último dúo entre padre e hija en un ambiente muy funesto ya que la muerte de ella se percibe en cada nota. Lo más memorable es el último tramo del dúo, quizás más emotivo, destacando ese "Lassù in ciel, vicina a la madre, in eterno per voi , preguerò" de Gilda , rezando por él en el cielo junto a la madre y el tono dramático de Rigoletto que siente su soledad y le pide que no muera. Al final, ella expira mientras que Rigoletto vuelve a exclamar esa frase que le ha marcado en toda la ópera: "Ah, la maledizione!!!"





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jueves, 10 de mayo de 2007

La Traviata: Un fracaso hecho éxito.

Y dejando un poco atrás la tristeza, es el turno de Giuseppe Verdi y su 'Traviata' refiriéndome con mayor exactitud a su aria tan particular: "Brindisi". Esta obra nace del libro de Alexandre Dumas (hijo) "La dama de las camelias" y consta de tres ó cuatro actos. Cuenta la historia que la cuando esta obra se estrena en el año de 1853 fue un rotundo fracaso, pero que al año siguiente cuando vuelve a presentarse tuvo mucho éxito, adquiriendo la popularidad que hasta hoy en día goza.
Recordar el momento en que se festeja por la vida y la diversión en aquella reunión en casa de Violeta, justo después de haber compartido un hermoso momento con el que sería a futuro el mejor de sus amantes, Alfredo. Todos pensarían al escuchar esta melodía que nada más allá de la alegría existe, y sin embargo 'Brindisi' es solo una de tantas arias que forman parte de una historia que no tiene un final particularmente feliz. Será que la mejor conclusión a esto sea ver la vida en actos, despreocupándonos del próximo devenir, lo ignoro, pero no cabe duda que algo tiene de cierto.

El video que les presento es de una presentación realizada en el año de 2003 protagonizada por Plácido Domingo, acompañado de las sopranos Adriana Damato, Jennifer Check y Sabina Puertolas, de los tenores Giuseppe Gipali, Israel Lozano y Jesús García, y del baritono Mario Cassi.






-BRINDISI-
Alfredo:
Libiamo, libiamo ne'lieti calici
che la belleza infiora.
E la fuggevol ora s'inebrii
a voluttà.
Libiamo ne'dolci fremiti
che suscita l'amore,
poichè quell'ochio al core
Omnipotente va.
Libiamo, amore fra i calici
più caldi baci avrà.
All:
Ah, libiamo;
amor fra i calici
Più caldi baci avrà
Violetta:
Tra voi tra voi saprò dividere
il tempo mio giocondo;
Tutto è follia nel mondo
Ciò che non è piacer.
Godiam, fugace e rapido
e'il gaudio dell'amore,
e'un fior che nasce e muore,
ne più si può goder.
Godiam c'invita un fervido
accento lusighier.
All:
Godiam, la tazza e il cantico
la notte abbella e il riso;
in questo paradise
ne sopra il nuovo dì.
Violetta:
La vita è nel tripudio
Alfredo:
Quando non s'ami ancora.
Violetta:
Nol dite a chi l'ignora,
Alfredo:
e' il mio destin così ...
All:
Godiamo, la tazza e il cantico
la notte abbella e il riso;
in questo paradiso ne sopra il nuovo dì.

-LA TRAVIATA-


La historia toma lugar en la ciudad de París a mediados del siglo XIX.

Acto I. El telón se alza mostrándo el lujoso salón de Violeta, en el que se está celebrando una fiesta. Violeta da la bienvenida a Flora y a otros amigos, entre los que se encuentra el barón Douphol, antiguo admirador de ella. Después entran Gastón y otro amigo llamado Alfredo, que es presentado a Violeta como alguien que la admira desde hace mucho tiempo. Violeta se muestra con él ligera, como de costumbre, pero en el fondo el joven le ha llmado la atención. Cuando Alfredo es requerido por los demás invitados para encabezar un brindis, Violeta se levanta y entona la segunda estrofa, a lo que el coro de invitados se les une con alegría. Se oye música de baile procedente de un salón contiguo, por lo que los invitados se disponen a bailar, Violeta entonces sufre un ataque de tos pero pide a los presentes que vayan a bailar y no se preocupen, pero cuando se mira en un espejo y ve la palidez de su rostro, se da cuenta de que uno de sus invitados ha permanecido junto a ella, Alfredo que le confiesa a Violeta que la ama desde hace más de un año. Gastón llama a Violeta desde el salón contiguo y ella se despide tiernamente de Alfredo.
Regresan los invitados y se disponen a marcharse. Sola, Violeta piensa en Alfredo, preguntándese si el será el amor de su vida. Parece vislumbrar una vida nueva y diferente con él.

Acto II. Para este momento Alfredo y Violeta se han tratado al punto de que Alfredo ha logrado conquistarla, por lo que se instalan juntos en un hotelito cercano a París, en la campiña. Alfredo, feliz canta: De miel bollenti spiriti" ("De mi espíritu fogoso"). Pero cuando entra Annina, la sirvienta de Violeta, le dice que ha estado en París, por encargo de su señora, vendiendo las alhajas de Violeta para pagar las deudas de la idílica vida que llevan los dos amantes. Alfredo, avergonzado, sale inmediatamente para París con el propósito de resolver la situación económica, que él desconocía.
Entra en escena Violeta, que ha recibido una carta de su amiga Flora invitándola a un baile que se celebrará esa misma noche en París. Llega ahora Giorgio Germont, padre de Alfredo, que viene con el intento de acabar con esa relación, sobre todo, porque cree que Violeta está arruinando a su hijo; pero descubre que, por el contrario, es Violeta la que está vendiendo todo lo que posee para mantener a los dos. Giorgio, no obstante, pide a Violeta que se sacrifique, renunciando a Alfredo, para no frustrarse el proyectado matrimonio de la hermana de Alfredo, y que la situación de su hijo es una desgracia para la familia. Así que le pide a Violeta que abandone a su hijo, pero que no le diga por qué lo hace. Ella, al principio, se niega a romper con su amado, pero finalmente, llena de tristeza acepta pidiendo a Germont que diga a su hija que alguien se ha sacrificado por su felicidad.
Violeta escribe una nota a Alfredo, en la que le dice que lo abandona, sin más explicaciones, de tal modo que él pueda pensar lo peor. Germont, cada vez más conmovido por la nobleza de espíritu de Violeta, la abraza como lo haría un padre, después se marcha.
Violeta llama a Annina, y está a punto de entregarle la nota para Alfredo, cuando aparece éste. Violeta le pide que la ame tan apasionadamente como ella le ama a él y se marcha. Alfredo no sabe lo que ha sucedido hasta que un mensajero le hace entrega de una carta en la que Violeta le dice que lo abandona. Lleno de angustia, ve entrar a su padre, que intenta consolarlo y le propone que regrese con él a casa, pero Alfredo sospecha que Violeta se ha marchado con Douphol, su antiguo admirador. Y al ver la carta que Flora envió a Violeta, decide ir a la fiesta, encontrarse con Violeta y tomar venganza.
Al llegar a la fiesta de máscaras en casa de Flora, la cual por cierto está en pleno apogeo, se observan los cómicos disfraces de los invitados, algunos de toreros, otros de gitanos, mientras suena una música apropiada a estos disfraces. De repente entra Alfredo y se une a un grupo de jugadores de cartas. Aparece Violeta, del brazo del barón Douphol. Alfredo, que está ganando en el juego, hace alusiones insultantes que no pueden referirse sino a Violeta. Se produce una gran tensión entre Alfredo y el barón y el duelo parece inevitable.
Sola con Alfredo, Violeta le pide que la deje, por la propia conveniencia de él. Esto hace aumentar la furia de Alfredo, que alcanza su punto culminante cuando ella le dice - sin revelarle la verdad de lo ocurrido - que ama al barón. Alfredo llama a los invitados, insulta a Violeta y les hace testigos -lanzando a Violeta una bolsa con dinero - de que ha pagado totalmente su deuda con ella. Mientras todos los invitados se muestran indignados por la conducta de Alfredo, entra Giorgio Germont y descalifica la acción de su hijo. En el concertante final se oye a la desdichada Violeta afirmando que sigue enamorada de Alfredo.

Acto III. Violeta vive sola con su fiel Annina; está gravemente enferma y apenas tiene dinero para sobrevivir. Se encuentra en cama cuando, muy de mañana, recibe la visita del médico que tranquiliza a la enferma, pero confiesa a Annina que le quedan muy pocas horas de vida. Se marcha Annina y Violeta vuelve a leer la carta que ha recibido del padre de Alfredo en la que le dice que ha revelado a su hijo el sacrificio de su amada y que Alfredo se ha puesto en camino para pedir perdón a Violeta. Mientras lee la carta, la orquesta interpreta la melodía de la canción con la que Alfredo se declaró al final del primer acto. Ella lamenta su enfermedad y recuerda los bellos momentos del pasado ("Addio, del pasato bei sogni ridenti").
Por la ventana se escucha el bullicio del carnaval, que se celebra en la calle. Vuelve Annina y da entrada a un visitante: Alfredo. Los enamorados se funden en un abrazo en el que todas las pasadas amarguras se han olvidado. Alfredo dice a Violeta que la llevará fuera de París, pero después de estos momentos de intensa alegría, Violeta se siente mal y envio a Annina en busca del médico, dándose cuenta de que su muerte está muy próxima. Entra en escena el padre de Alfredo. Violeta entrega a su amado un medallón, diciéndole que se lo dé a la mujer con la que se una en matrimonio. Annina llega con el médico y todos presencian la súplica de Violeta a Alfredo.
Súbitamente cesa la agitación de la enferma y reviviendo los momentos felices de su amor, Violeta muere.

Música: Giuseppe Verdi.
Libreto: Francesco Maria Piave

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miércoles, 9 de mayo de 2007

"Pagliacci": Los payasos también lloran.

Dicen bien que la música en sus diferentes formas es siempre una expresión del sentimiento humano, que cada letra, que cada composición nace en el autor como resultado de su propia individualización. Como el músico, también el escritor, el pintor y todo artísta siempre la creación que de ellos emane, llevará puesto a conciencia su marca, su historia. Y si bien es cierto que mejor prueba que nosotros mismos, la canción predilecta, aquella pintura que nos conmueve ó la genial historia que nos hace vibrar en cada noche de lectura, por la sencilla razón que esas obras 'cuales quieran que estás sean' tienen por alguna razón la facultad de penetrar al interior de nuestros corazones, al interior de nuestra alma. Esa exquisita y plena analogía que podemos hacer con cada acorde, cuando nos sentimos tristez, cuando odiamos, cuando inclusive nos enamoramos, y que mejor bendición que esa.

Esta vez les presento 'Pagliacci' (Payasos), una obra de Ruggiero Leoncavallo. El aria que les pongo a continuación se titula: "Vesti la giubba" (Ponte el disfraz) y el contexto de esta es el siguiente: Canio, el director de una compañía ambulante de tetaro, llamada la 'Commedia dell'Arte', se acaba de enterar de que su esposa Nedda, primera actriz de la misma compañía, le es infiel. Pero es la hora de la actuación y la función debe continuar! tocándole a él, el papel de payaso.
En voz de Placido Domingo, el tenor -hoy por hoy- más completo de todos, en lo personal me encanta la manera en que acostumbra darle vida a todas sus interpretaciones.



-VESTI LA GIUBBA-

Recitar! (¡Actuar!)
Mentre preso del delirio (Mientras presa del delirio)
non so più quel che dico (No sé ya lo que digo)
e quel che faccio! (Ni lo que hago)
Eppur, è d'uopo... sforzati! (Sin embargo, es necesario.. ¡Esfuerzate!)
Bah, sei tu forse un uom? (¡Bah! ¿Acaso eres tu un hombre?)
(ride) (Ríe)
Tu sei Pagliaccio! (¡Tu eres payaso!)

Vesti la giubba e la faccia infarina. (Ponte el disfraz y la cara enharina)
La gente paga e rider vuole qua, (La gente paga y quiere reírse aquí)
e se Arlecchin t'invola Colombina, (Y sí Arlequín te birla a Columbina)
ridi, Pagliaccio, e ognun t'applaudirà! (¡Ríe payaso, y todos te apludirán!)
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto; (Muda en pantomimas la congoja y el llanto)
in una smorfia il singhiozzo e il dolor. (En una mueca los sollozos y el dolor)
Ah, ridi, Pagliaccio sul tuo amor infranto! (¡Ah, ríe, payaso, sobre tu amor despedazado!)
Ridi del duol che t'avvelena il cor! (¡Ríe del dolor que te envenena el corazón)



-PAGLIACCI-

Prólogo.
Tras el preludio, Leoncavallo inicia esta ópera con la aparición, a telón bajado, de Tonio, disfrazado de Taddeo en la 'Commedia dell 'Arte'. Tonio se presenta ante el público para explicar qué obra van a ver los espectadores y como podrán disfrutar de esta obra que el autor compuso para los hombres, lleno está de amores y odios. Es un aria en la que se puede observar los distintos cambios musicales

Acto I.
Todo empieza con la llegada de un grupo de payasos a un pueblo, en la festividad de la virgen de Agosto, para representar una obra. La compañía, dirigida por Canio, está formada también por su esposa Nedda, el jorobado Tonio, y Beppe. El recibimiento es acogedor para ellos, lo cual agradecen. Canio anuncia al pueblo que esa misma noche a las 23 horas habrá gran espectáculo al que nadie debe faltar ("Un grande spettacolo a ventitré ore"). Cuando Nedda baja, Tonio le trata de ayudar, pero Canio le da un pequeño golpe mientras que los lugareños se atacan de la risa. Los celos de Canio vuelven a resurgir cuando algún joven le insinúa, sin mala intención, que Tonio, que había rechazado la invitación para tomar algo junto a los compañeros, se había quedado para cortejar a Nedda. Canio muestra en este aria, "Un tal gioco, credetemi", un carácter revelador del final de esta ópera ya que deja bien claro que el final, en la realidad, sería bien diferente del de la obra en caso de que Nedda le engañase con algún hombre (se notará como Canio aumenta su intensidad cuando habla de lo que pasaría sin descubriese a Nedda). La llegada de gaiteros acompañando la comitiva de parejas que van a las vísperas, junto a las campanadas de la iglesia del pueblo, hacen que la gente despeje la plaza ("Don, din, don, din. suona vespero"). Cuando Nedda se queda sola, se pone a pensar y preocuparse por la actitud celosa mostrada por Canio ("Qual fiamma avea nel guardo"...¡¡qué fuego tenía en la mirada!!). Nedda está enamorada secretamente de otro... y ese amor que le hace cambiar su discurso para volverlo más alegre ("Oh! Che volo d'augelli, e quante strida!..." ¡El vuelo de los pájaros, qué bullicio!). Sin embargo, Tonio no se había ido y estaba observándola. Cuando ella lo descubre, la conversación es punzante por parte de Nedda, que tanto desprecia a él como a sus ridículos intentos de acercársele ("So ben che difforme conforto son io"... Sé bien que soy deforme). El constante desprecio y la mofa llevan a Tonio a amenazarla de "que lo pagará".
La llegada de Silvio alegra a Nedda, primero inquieta por la imprudencia, pero el amor vuelve a salir en este dúo... con un espectador terrible, ya que Tonio ha observado que Silvio trata de convencer a Nedda para huir ("E allor perché, di', tu m'hai stregato"...). El dúo es sentido, emocionado, un Silvio implorante, una Nedda deseosa de ser libre que acaba convencida, citándose para medianoche. Esta parte de la conversación ha sido escuchada por Canio, acompañado por Tonio y que salta ante la exclamación de ella a Silvio ( "...e per sempre tua sarò"), lo que hace que el amante de Nedda huya. Canio se muestra colérico y trata de averiguar el nombre de esa persona que estaba junto a ella pero Nedda calla. La escena es atroz y los compañeros tratan de apaciguarlo ya que la gente está a punto de salir de la iglesia y no debían permitir que se dieran cuenta de lo que ocurría; Tonio trata de tranquilizarlo asegurándole que el amante estará esa noche viendo el espectáculo y le pide que finja. En este momento es cuando se canta la famosa aria de "Recitar!....Vesti la giubba", que refleja ese dicho "la gente paga y quiere reír" y el célebre "ridi, Pagliaccio", que ha popularizado esta ópera en el mundo gracias a tenores que no han dudado en representar este papel y lograr una interpretación histórica del personaje. Canio se muestra hundido pero "el espectáculo ha de seguir" y ha de actuar para el público.

Intermedio.
El sirve para prepararnos para la obra que la compañía de payasos va llevar adelante. En esta "Commedia dell'Arte" Canio es Pagliaccio, Nedda es Colombina, Tonio es Tadeo y, por último, Beppe es Arlecchino.

Acto II.
El acto comienza con el coro de aldeanos que se van aposentando en sus asientos para ver la obra. Entre ellos está Silvio, que le recuerda que la esperará al final. El desarrollo de la obra de la compañia es el siguiente:
Colombina está en una salita paseando mientras la voz de arlequín implora por su amor ("Oh! Colombina, il tenero fido Arlecchin..." Oh,Colombina,el fiel y tierno Arlequín). La llegada de Tadeo, bufón enamorado de Colombina, nos devuelve, aunque sea de forma jocosa, al primer acto respecto al encuentro de Tonio y Nedda ("Sei tu bestia?"). Arlequín sube y alcanza la ventana de la habitación donde está Colombina y Tadeo y echa al bufón ante las risas del público. El pequeño dúo amoroso-jocoso culmina con las mismas palabras que Nedda dijo a Silvio, lo que acelera la furia en Canio. La entrada en escena como Pagliaccio es el fin de la ópera. La realidad empieza a sobrepasar a la ficción. Ante el público atónito, Pagliaccio desaparece para que Canio se muestre como tal ("Pagliaccio non sono...") con una actitud tan despiadada ante Nedda ("Sperai, tanto il delirio") que le exige que revele el nombre de su amante. Nedda trata de seguir con su papel de Colombina y seguir con la comedia pero el intento es infructuoso ya que Canio ya está lleno de ira y dispuesto a matarla. Silvio, que ha sido el único en el público que pensaba que la escena no era de ficción, intenta salvarla pero sólo logra ponerse a tiro de Canio, que también lo mata. Con un terrible e irónico "La commedia è finita", concluye la ópera mientras el telón baja ocultando los cuerpos inertes de los dos amantes.


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